Verón-Punta Cana atraviesa uno de los momentos más trascendentes de su historia. El crecimiento turístico, inmobiliario, comercial y poblacional de las últimas décadas ha transformado este territorio en uno de los principales motores económicos de la República Dominicana. Pero crecer económicamente no es suficiente. Ha llegado el momento de convertir ese crecimiento en institucionalidad, infraestructura y calidad de vida.
La elevación de Verón-Punta Cana a municipio representa, por tanto, mucho más que un cambio de categoría administrativa. Es la oportunidad de comenzar a organizar con visión de ciudad un territorio que durante años ha crecido a una velocidad superior a su capacidad de planificación.
En medio de este proceso han surgido rumores sobre la posibilidad de elevar a Punta Cana a distrito municipal. Es legítimo que las comunidades aspiren a mayor representación y autonomía. Sin embargo, considero que debemos respetar el orden institucional: primero debe consolidarse Verón-Punta Cana como municipio y posteriormente evaluar la creación de los distritos municipales que correspondan, siguiendo rigurosamente los procedimientos y requisitos establecidos por la ley.
No se trata de oponerse a Punta Cana ni a ninguna otra comunidad. Tampoco debería convertirse esta discusión en una competencia por nombres, liderazgo o protagonismo territorial.
La pregunta correcta es otra:
¿Qué organización territorial permitirá que todos podamos crecer en igualdad de condiciones?
Un territorio que necesita una visión común
Verón, Bávaro, Punta Cana, Friusa, Macao, Uvero Alto, Cabeza de Toro y las demás comunidades forman parte de una misma dinámica económica y social.
Podemos establecer límites administrativos, pero la realidad cotidiana seguirá conectándonos.
Miles de personas viven en una comunidad y trabajan en otra. Las carreteras atraviesan diferentes sectores. Los servicios, el transporte, el comercio, la actividad hotelera y el desarrollo inmobiliario funcionan como parte de un mismo ecosistema.
Por eso, antes de pensar en fragmentar, debemos pensar en integrar.
El próximo crecimiento debe sentirse en las calles
Durante décadas hemos demostrado una extraordinaria capacidad para atraer inversiones. Tenemos hoteles de clase mundial, uno de los aeropuertos de mayor movimiento del Caribe, grandes proyectos inmobiliarios y una marca turística reconocida internacionalmente.
Ahora necesitamos que esa prosperidad se refleje con la misma fuerza fuera de los complejos turísticos.
Necesitamos mejores vías, drenaje pluvial, transporte organizado, manejo eficiente de residuos, seguridad, espacios públicos, servicios básicos, planificación urbana y protección ambiental.
Porque el verdadero desarrollo no puede producir un territorio de estándares internacionales para quienes nos visitan y otro, con necesidades acumuladas, para quienes vivimos y trabajamos aquí.
La calidad del destino debe comenzar por la calidad de vida de sus ciudadanos.
Primero fortalecer, después descentralizar
La creación de nuevos distritos municipales puede formar parte natural de la evolución futura de este territorio. Pero debe producirse en el momento adecuado y sustentarse en criterios técnicos, jurídicos, poblacionales, económicos y territoriales.
Primero necesitamos fortalecer el municipio.
Después podremos determinar cuáles comunidades reúnen las condiciones para asumir nuevas estructuras administrativas, en el orden y bajo los procedimientos que establezca la legislación dominicana.
Dividir antes de planificar puede generar estructuras administrativas. Planificar antes de dividir puede construir una ciudad.
Y esa diferencia es fundamental.
No se trata de repartir territorio, sino de compartir desarrollo
La municipalización debería convertirse en un gran pacto territorial.
Un pacto donde cada comunidad pueda desarrollarse sin sentirse relegada; donde la inversión pública acompañe el aporte económico que esta zona realiza al país; y donde las oportunidades generadas por el turismo se traduzcan en bienestar para quienes hacen posible ese turismo todos los días.
Las decisiones que tomemos ahora no deberían responder a intereses particulares ni a coyunturas políticas. Deben responder a una visión de largo plazo.
Estamos decidiendo cómo queremos que sea Verón-Punta Cana dentro de veinte o treinta años.
Por eso, antes de preguntarnos cuántos distritos tendremos, debemos preguntarnos qué ciudad queremos construir.
Primero el municipio. Luego, los distritos que correspondan conforme a la ley. Y por encima de cualquier división administrativa, una sola visión: un territorio integrado, con infraestructura, oportunidades y calidad de vida para todos.
Porque el gran desafío de Verón-Punta Cana ya no es crecer.
Es lograr que ese crecimiento nos alcance a todos.
