Carta a mi amado padre, Don Chicho
Papi querido
Hoy mi corazón está roto, pero también está lleno de ti.
No entiendo por qué la vida decidió que tu partida fuera en este momento, cuando estoy lejos, atrapada en un aeropuerto, mirando el cielo y buscando un vuelo que no llega. Me duele no haber podido sostener tu mano en tu último suspiro. Me duele no haberte dicho una vez más “aquí estoy, papá”.
Pero sé algo, yo estuve.
Estuve en cada decisión.
Estuve cuando te defendí.
Estuve cuando te cuidé.
Estuve cuando celebramos tus 84 años como un milagro después de haberte visto casi partir.
Viejo querido tú me enseñaste la valentía.
Me enseñaste a no rendirme.
Me enseñaste a construir, a trabajar, a sostener la familia.
Si hoy soy quien soy, es porque primero fui tu hija.
Villa Chicho no es solo un lugar.
Es tu nombre sembrado en tierra firme.
Monteluna también lleva tu espíritu: dignidad, refugio, honor.
Me duele tu ausencia física, pero sé que los hombres como tú no desaparecen , se transforman en raíz. Y tú ahora eres raíz en mí.
Gracias por darme la vida.
Gracias por tu carácter fuerte.
Gracias por tu protección.
Gracias por tu ejemplo.
Hoy te entrego al cielo con lágrimas, pero también con gratitud infinita por haberte tenido 84 años. Esa sonrisa tuya está grabada en mi alma.
Descansa, caballero de la valentía.
Tu hija seguirá caminando firme.
Ve con Dios mi viejito lindo
Con amor eterno,
Tu hija,
Altagracia
