Hay momentos en la vida donde las palabras se quedan cortas y solo el silencio y el amor de quienes nos rodean logran sostenernos. Esta semana, mi familia y yo hemos transitado por duros momentos de despedida y honra, entregando a los brazos del Creador a mi amado padre, Don Escolástico “Chicho” Poueriet.

A sus 84 años, y tras luchar con la fortaleza que siempre lo caracterizó, su partida nos deja un vacío inmenso, pero también un legado que trasciende el tiempo. Mi padre no solo fue el roble de nuestra familia; fue un hombre que sembró valores de trabajo, integridad y unión en cada uno de sus hijos y nietos.
Gratitud por la solidaridad
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento a cada persona que se detuvo a enviarnos un mensaje, una oración o un abrazo. En estos días de recogimiento, sentir el cariño de amigos, colegas del sector inmobiliario y personas que, aun en la distancia, nos acompañaron con su pensamiento y aliento, ha sido el bálsamo que nuestra alma necesitaba.
Especialmente, quiero agradecer al equipo de El Inmobiliario por el hermoso y respetuoso artículo publicado sobre la partida de mi padre. Gracias por honrar su memoria y por destacar la importancia de su figura como pilar importante de nuestra familia.
A mis hijos, sobrinos y hermanos, nos queda el honor de honrar su nombre con nuestra vida diaria.
Gracias de todo corazón por no soltarnos la mano en este proceso. Sus muestras de respeto y solidaridad nos confirman que, aunque el camino sea difícil, nunca lo transitamos solos.
Que Dios les multiplique cada bendición y cada gesto de cariño.
Con gratitud eterna,
Altagracia.
